Vivencia de una cuidadora: Toñi Maquirriain

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Existe un tema que, a través del blog, hemos querido profundizar y analizar. Os hablamos del día a día de los cuidadores y del síndrome del cuidador. Cuidar de una persona requiere tiempo, esfuerzo, valentía, paciencia y mucha fuerza de voluntad. Tanto es así, que cuando se prolonga en el tiempo acaba mermando física y mentalmente a los cuidadores.

Por medio de esta entrevista queremos conocer mejor a Toñi Maquirriain, una de esas personas anónimas con las que es imposible no identificarse. Desde Familiados queremos darle las gracias por su amabilidad y por compartir con nosotros las vivencias que experimentó como cuidadora. ¡Comencemos con las preguntas!

¿Quién es Toñi Maquirriain?

Soy pedagoga, terapeuta familiar y de pareja y arteterapeuta. Tengo un hijo de 15 años, y estoy casada. Actualmente dirijo el Centro Aimarte de Terapia Familiar, Formación y Desarrollo Creativo. Me encanta trabajar con familias, y tengo una mirada especialmente colocada sobre lo relacional y lo emocional dentro de ellas. Creo sinceramente que, cuidando las familias, mejorará el mundo.

 

 

¿Has cuidado de una persona?

He cuidado de toda mi familia, aunque fui la hija pequeña con 11 años de diferencia de mi hermano.

 

¿Durante cuánto tiempo has estado cuidando?

De mi madre, desde muy pequeña, ya que tenía una enfermedad mental desde antes de nacer yo, y además era sorda bilateral. De mi hermano unos 5 años, murió con 33 años. Y de mi padre, fundamentalmente 6 meses por un cáncer de pulmón que apareció a sus 80 años.

 

¿Cómo fue el cuidado?

El más duro, porque fue inesperado, el de mi hermano. Tuvo muchos ingresos durante 5 años y mucho sufrimiento, por ser joven, y padecer una enfermedad incurable. El de mi madre fue un cuidado maternal crónico podría decirse, pues fue de por vida su enfermedad mental . Este hecho determinó y marcó la vida familiar, y finalmente me tocó el cuidado de mi padre, que fue muy duro ver el declive tan rápido. Pero fue breve, murió a los 6 meses del diagnóstico. Fue la segunda pérdida y me pilló más madura, con 40 años, así que le pude acompañar mejor que a mi hermano, que no lo quería dejar ir.

 

¿Qué has aprendido del cuidado?

Muchas cosas. Entre otras, a digerir la realidad, a acompañar la enfermedad, que forma parte de la vida al igual que la muerte, y a acompañar a los enfermos lo más amorosamente que he podido . Cuidando he aprendido a valorar más la vida.

 

¿Puedes hablarnos de los aspectos positivos de tu experiencia como cuidadora?

Cuidar me ha hecho una persona resiliente, lo que me ha fortalecido como persona. Gracias a ello, a mi ser cuidadora, empecé mi proceso terapéutico y también decidí hacerme terapeuta, para devolver a otros la ayuda que yo recibí y a mí me ayudo tanto.

 

Esta experiencia te ha ayudado en…

Ser más humana, más sensible, más empática, más serena, más confiada, más amorosa. Me ha ayudado a desarrollar un lado más espiritual, a transcender diría yo, la vida.

 

¿Creciste como persona?

Crecí y me rompí, de todo hubo, y después de romperme, me reconstruí y seguí creciendo. Y ahí sigo, caminando y aprendiendo de la Vida.

 

¿Cuál es la mayor recompensa que has sentido en el cuidado?

La satisfacción de haber estado ahí cuando me han necesitado, de ser útil y apoyar a los míos en los momentos difíciles. Me hace sentirme contenta, tranquila, feliz y valiente. También siento que la suerte fue mía de tener a tres seres maravillosos y tan bondadosos como familia.

 

¿Qué situaciones estresantes viviste?

La enfermedad mental de mi madre, cuando nadie me decía qué era lo que le pasaba, eso de “los nervios”, e ingresaba en el psiquiátrico desde que nací…hasta que me pude hacer cargo de ella con menos de 12 años, y de la casa. El cuidado de la madre, el hermano, la casa, estudiar una carrera y trabajar el fin de semana de camarera. La juventud es maravillosa, lo puede todo.

La enfermedad de mi hermano y su fallecimiento tras cinco intensos años de hospitalización fue horrible, como digo por su juventud. En mi infancia y adolescencia-juventud conocí “el infierno”, el descenso a lo negro, las pérdidas de muchos amigos y la peor, la de mi “tato”… Han sido pérdidas desgarradoras que me ha costado mucho dolor ir curándolas. Hoy no duelen igual… más bien son las cicatrices profundas de mi alma.

 

Diversos estudios realizados entre cuidadores informales hacen referencia a las ganancias del cuidador, como los cambios positivos derivados de su relación con la persona dependiente. ¿Es cierto?

Pues, podría estar de acuerdo, pues todo tiene sus beneficios secundarios en esta vida. Al convertirme en la madre de la casa, y cuidar yo de ella, aprendí la gestión de la casa y de la economía doméstica, a cocinar y a compatibilizar con la vida de estudiante y laboral. Mi caso fue diferente, pues sacrifiqué mi vida de joven y mi matrimonio en parte precisamente por la dependencia de mi madre y mía. Al ser una enferma crónica y más dependiente conforme más mayor se hacía, la cosa no fue fácil. La tuvimos en casa mientras fue posible hasta hace once años. Me dieron plaza en una residencia definitivamente, y fue necesario dejarme ayudar por las instituciones porque el desgaste del cuidador (Síndrome del Cuidador quemado) lo sufrí en toda regla.

 

¿Qué consejos darías a personas que están pasando por la misma situación que pasaste tú?

Que se dejen ayudar de todas las posibles manos: familia, amigos, instituciones… antes de romperse, para poder seguir cuidando con amor a su ser querido.

 

¿Sentiste el síndrome del cuidador?

Sí, el cansancio acumulado de los años, el querer hacer todo sola… la sobrecarga que supone en lo físico y en lo emocional el cuidado, las relaciones sociales… Estar en el sandwich entre la familia creada y la de origen…

 

¿En algún momento pediste ayuda a un familiar, grupos de terapia, apoyo en el cuidado?

Mi marido me ayudó siempre apoyándome en la decisión de que mis padres convivieran con nosotros. El año que comenzamos a salir, mi hermano murió. Eso fue difícil, mi madre era muy dependiente, mi padre trabajaba y yo también, que además entonces viajaba mucho. Él se hacía cargo de ellos cuando yo no estaba. Luego nos ayudaban personas externas en casa.

Tras sufrir un accidente de coche, y tener mi primera baja laboral, a los 33 años pedí ayuda a los servicios sociales pues mi madre se descompensó mucho, y yo empecé a ser consciente de que el peso que llevaba encima era mucho peso. Entonces, y ayudada por profesionales que me apoyaban, decidí ingresarla en un centro de día al ser difícil dejarla sola en casa para irnos a trabajar.

Desde entonces empecé a hacer terapia, individual, de grupo, me formé como terapeuta Gestalt y, más tarde, como terapeuta familiar y de pareja, etc… Conté con ayuda en casa para ella y mi hijo, para llevarles y traerles al centro de día y a la guardería respectivamente. Finalmente tuve que aceptar el ingreso definitivo en una plaza residencial pues el cuidado en casa se hizo insostenible. Así que transité el camino de la dependencia a la independencia emocional, el soltar a la madre y sacar las alas, más allá de los 40, y tras la maternidad.

 

¿Qué te parece la idea de que se haya creado Familiados, la plataforma de cuidado de horas para momentos puntuales de personas?

Me parece fenomenal. En mi caso, fue difícil dejar entrar a gente desconocida en casa. En mi generación somos en parte pioneras en compartir el cuidado de nuestros mayores, y esto aún tiene para el que le toca una gran carga de culpa sufrida, al menos en mi caso. Cuando podía tiraba con amigas que necesitaban el trabajo, era genial, pero llegó un momento que tenerla sola en casa era muy difícil y angustiante. Por esta razón tuve que hacer lo más difícil para mí del mundo… aun sabiendo que era lo mejor para las dos, y para mi familia creada, que era pedir ayuda.

 

¿Hay algo más que nos puedas aportar del cuidador informal?

La necesidad de cuidarse como persona, el ocio, los amigos, el cuidado integral (físico, lo emocional, para poder dar buenos tratos a nuestros seres queridos). La importancia de dejarse acompañar de un buen terapeuta, grupo de apoyo, para aprender a autocuidarse y poder así cuidar mejor.

Tal y como hemos podido comprobar a través de la entrevista a la terapeuta Toñi Maquirriain, una de las conclusiones que debemos sacar es que el proceso de cuidar a una persona te cambia por dentro y por fuera. Creces como persona, ganas seguridad y aprendes a amar de una manera más pura. Pero, al mismo tiempo, cuando el cuidado se alarga conoces lo que es tocar fondo y necesitar ayuda.

En el momento que una persona se vuelve dependiente, hay que tener en cuenta que pasamos a tener que cuidar de más personas. Por un lado, a la persona dependiente y, por el otro, a esas personas luchadoras que sacrifican su vida para cuidar de sus seres queridos. Por este motivo, desde Familiados queremos darte todo nuestro apoyo y aportar nuestro granito de arena para que el cuidado de personas sea más humano.

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