Una residencia muy familiar, en el balcón de la ribera

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Situada en el centro del pueblo de Lerín, junto a la Plaza Consistorial, en la Residencia Nuestra Señora del Pilar se respira un ambiente familiar y distendido.  Todos los residentes se conocen y son una gran familia, formada por los 26 residentes y todos los trabajadores del centro.

Una de las principales curiosidades de este centro, es que su directora Ainara, ha nacido y crecido en Lerín, por lo que sus residentes la conocen de toda la vida. «Aquí todos saben que soy la hija de tal o de esta casa, es curioso, conozco a todos ellos desde que era una niña y ellos también a mí», reconoce agradecida Ainara.

La residencia dispone de una gran terraza de la que disfrutan todos los residentes a diario. «Nos gusta mucho salir a la terraza, lo hacemos todos los días siempre que la temperatura nos acompañe. Aquí tenemos varias flores y plantas, Santiago y yo somos los encargados de cuidarlas, pero más él que yo, el mérito es suyo», afirma Sofia, de 74 años.

La mayoría de los residentes del centro han nacido y desarrollado su vida en Lerín, por lo que se conocen entre ellos desde hace muchos años. «Nos llevamos muy bien entre todos, nos conocemos de toda la vida. Hemos vivido épocas muy buenas en el pueblo, cuando había casi 3.000 habitantes», destaca Santiago, de 78 años.

Actitud ejemplar

Pese a tener que estar encerrados en el centro durante dos meses por el confinamiento, los residentes han mostrado su mejor versión durante este tiempo. » Se han portado fenomenal, no se han quejado en ningún momento. Su sonrisa inocente a la hora de venir a trabajar, nos ha dado fuerzas día tras día para que entre todos los que formamos esta gran familia hayamos solventado esta situación tan adversa», reconoce la directora del centro.

Pese a no poder recibir las visitas de sus seres queridos, a través de las videollamadas los residentes y sus familiares han podido mantener el contacto durante estos meses tan complicados. «Fue muy curioso, porque cuando les poníamos la tablet para hacer la videollamada, varios residentes hacían el gesto de ir a tocarla pensando que tenían a sus familiares delante de verdad, fue muy emotivo», destaca Ana, enfermera del centro.

Una gran familia

Todos los residentes y trabajadores del centro coinciden, somos una gran familia. «Aquí nos llevamos muy bien entre todos, los días se hacen muy llevaderos hablando con unos u otros. Yo personalmente estoy muy agusto aquí, nos tratan fenomenal», destaca Sofía, natural de Lerín.

La buena disposición y actitud de los residentes en todo momento, hacen también que el trabajo sea más llevadero. «Ellos se portan muy bien, casi nunca se quejan, atienden a todo lo que les decimos y son muy cariñosos. Hacen que nuestro trabajo sea más ameno», apunta Ana, enfermera del centro.

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