Historias de vida bajo un patio andaluz

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Situada a escasos metros del Palacio Real de Olite, corte de los Reyes navarros hasta la conquista de Navarra y su incorporación a la Corona de Castilla (1512), se encuentra la Residencia de Ancianos La Milagrosa. Lo primero que llama la atención al llegar a la residencia es su aflorado patio andaluz, en el que la mayoría de los residentes comparten momentos de charlas y paseos, junto a sus familiares.

Como para muchas otras residencias de España, no está siendo un año fácil para los trabajadores de la residencia de Olite. Pero, gracias al trabajo de sus sanitarios y la dirección de la residencia, la situación a día de hoy se encuentra bajo control en todos los aspectos. «Afortunadamente no tenemos ningún caso positivo de Covid-19 entre nuestros residentes, han sido semanas de mucha incertidumbre y nerviosismo, no por nosotros, sino por los residentes y sus familiares, esperemos que todo siga bien y podamos continuar con normalidad nuestra actividad», apunta Sara Blasco, directora de la Residencia de Ancianos La Milagrosa.

Pese a que muchas residencias están optando por volver a restringir las visitas familiares y los paseos al exterior, desde la residencia de Olite han optado por no tomar este tipo de medidas.

«Creemos que no podemos privar del derecho de libertad a nuestros residentes. Siempre y cuando se tomen las medidas de protección y prevención necesarias, somos partidarios de que puedan salir a dar un paseo y que puedan recibir la visita de sus familiares»

Sus residentes

En esta residencia mixta se encuentran alrededor de 60 residentes de entre 75 y 95 años. Cada uno con su historia de vida, con sus vivencias. Unos las recuerdan a la perfección y otros no tanto, pero no significa que no las hayan vivido.

«He sido pan de muchos hornos. He trabajado por toda Navarra. Nací en Fitero, éramos seis hermanos y en el parto del séptimo, mi madre falleció. Mi padre estaba mutilado de guerra y nos llevaron a todos los hermanos a la maternidad para darnos en adopción. Cuando me hice mayor me adoptó una familia de Ostiz. Estuve trabajando en una fábrica más de 40 años, me compré una casa e intenté formalizarme con una mujer, pero no hubo manera», recuerda con nostalgia Iñaki de 84, natural de Fitero.

Cada historia de vida es diferente, pero si hay algo en lo que todos los residentes coinciden es el trato recibido. «Llevo ya en la residencia La Milagrosa de Olite unos cuantos años. Aquí nos cuidan bien y tenemos de todo, no tengo trato con ninguno de mis hermanos, por lo que los compañeros de la residencia son como mi familia», reconoce el de Fitero.

En el titular de la historia de vida de Pilar, natural de Olite, la palabra que destacaría en mayúsculas es la de superación. «A los 4 años me operaron de la pierna y me quedé coja toda la vida. El médico le dijo a mi madre que no iba a durar mucho y al final va a resultar que me voy a morir de vieja. He estado soltera y sin compromiso toda mi vida. Pensé en meterme a monja a los 20 años, pero tuve que cuidar de mi padre. Él se quedó viudo con seis hijos a su cargo. Mi madre falleció cuando yo era muy pequeña. Mi padre era muy trabajador, no se volvió a casar, por eso estoy muy orgullosa de haber cuidado de él todo el tiempo que pude», recuerda con emoción Pilar.

Labor social

Otro de los aspectos fundamentales para la sana convivencia de las residencias es la labor social que se realiza en ellas. Para ello, la Residencia de Ancianos La Milagrosa cuenta con Raquel. «La labor de una trabajadora social en las residencias tiene varias áreas. En primer lugar estamos en constante comunicación con las familias para darles a conocer la situación de los residentes. También tratamos de estar pendientes de los residentes, todo tipo de demandas que puedan tener, tanto ellos como sus familias. Hay que organizarse muy bien, cada residente y su familia es un mundo distinto, tiene distintas necesidades y hay que adecuarse a ellas», apunta la trabajadora social.⠀

«Otro de los matices importantes en los que trabajamos es la atención centrada en las personas. Es importante conocer bien a los residentes, profundizar en sus historias de vida. Para poder convivir con ellos, en función de la vida que han tenido. Con la intención de que estén lo más cómodos posibles y podamos satisfacer sus necesidades», concluye Raquel.