Entrevista a un médico del hospital de campaña de Ifema (Madrid)

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Charla con un médico del hospital de campaña creado en la Feria de Madrid (Ifema)

Entrevistamos a Nicolás Miqueleiz, médico de origen navarro que reside en Madrid. Nos cuenta el día a día del hospital de campaña creado en el recinto ferial de Madrid, para poder atender a pacientes infectados por coronavirus.

¿Cómo están viviendo en el Ifema Madrid todo el caos causado por el COVID-19?

Ante el colapso causado en la sanidad de Madrid, era necesario un sitio para poder albergar a más pacientes, por tanto copiando el modelo chino se decide crear un hospital ahí. Es algo impresionante, el poder crear un hospital en tan pocos días y que funcione es digno de admiración. Tenemos problemas y fallos, pero en el fondo se está tratando a las personas en unas condiciones aceptables y una calidad bastante buena. Se está consiguiendo una alta tasa de curación y lo cierto es que los pacientes están agradecidos.

 

¿Cuáles son los casos que le ha tocado vivir con los pacientes del Ifema Madrid?

En general los pacientes que tenemos aquí, son pacientes que hoy en día consideraríamos menos graves. En la medicina que realizábamos hasta ahora se consideraban pacientes graves, pero hoy en día, dadas las circunstancias vamos a considerarlos menos graves. Están relativamente estables, no son pacientes que se puedan derivar a domicilio, porque necesitan un control muy estricto, puesto que en el momento en el que se desestabilicen hay que ingresarlos en la UCI.

Estamos hablando de pacientes jóvenes, la mayoría evolucionan bien, pero hay casos que por circunstancias se decide que no son susceptibles de ingreso en UCI porque las posibilidades de salir adelante son mínimas. En estos casos tenemos que sedar al paciente y esperar a que fallezca.

 

¿Qué intenta transmitir usted como médico a la gente que está ingresada por COVID-19?

En general son personas que tienen mucho miedo, saben las circunstancias en las que se encuentran y además están solas. El mayor miedo de estas personas es la soledad, porque no pueden entrar familiares ni amigos, están solos luchando contra la enfermedad. Los ves tristes, con mucho miedo. Nosotros intentamos estar continuamente con ellos, dándoles ánimos, conversación y compañía. Es muy triste verte ahí y de repente ver salir a un muerto a tu lado, al día siguiente otro y deben pensar, me tocará a mi o no me tocará. Según van avanzando los días, con los dos nuevos pabellones se ha conseguido más intimidad y humanización.

 

Soledad, enfermedad, tristeza, suena a un cóctel muy explosivo…

Esa es la realidad. Yo me pongo en la piel de los pacientes y pienso, si yo estuviese aquí sería duro. En cualquier hospital tienes el apoyo de tu familia, amigos, estás con ellos… Te distraes, te apoyan. Pero aquí están solos todo el día, poco a poco empiezan a juntarse unos pacientes con otros pero aún así lo que más nos llama la atención es la soledad.

 

¿En su caso personal, cómo está llevando esta situación?

Pienso mucho en los médicos de las UCIs, la cantidad de decisiones éticas que tienen que tomar y eso es muy duro. Estamos en el momento álgido y no te da tiempo a pensar mucho las cosas. El problema va a venir cuando se acabe todo esto, para muchos de nosotros el haber vivido esto va a significar un antes y un después.

 

¿En qué sentido?

Hasta ahora estábamos acostumbrados a un tipo de medicina donde estabas luchando, daba igual que el paciente tuviese 80 que 90 años, daba igual la patología que tuvieses, luchabas hasta el final por esa persona y tenías medios y condiciones para poder hacerlo. En general cuando una persona se muere sabes que has hecho todo lo posible por ella, simplemente ha llegado su momento y se acabó. A nadie le quedaba ningún cargo de conciencia.

En estos momentos estamos limitados, tenemos una limitación material para poder tratar y hay casos en los que hay que seleccionar quién entra en la UCI y quién no. Desgraciadamente hay que elegir, y en ocasiones nos encontramos con un paciente que tiene muy pocas posibilidades de salir adelante y otro que está mejor y tiene más probabilidades de curarse y tenemos que elegir entre uno de los dos, no queda otro remedio.

 

Suena muy duro…

Claro. Es muy duro. Por eso se intentan crear cada vez más camas para intentar evitar estas circunstancias. Hay personas que en otras coyunturas se intentaría luchar por ellas, pero en estos momentos desgraciadamente hay que decidir. Tienes que tomar decisiones duras, creo que todo el mundo las tiene que estar tomando y sé que esto al final no va a gustarme. Esta es la medicina que tenemos que hacer hoy en día, nadie estábamos preparados para este tipo de medicina, se trata de una medicina de guerra. Son muchísimos pacientes para una asistencia limitada.

 

¿Se atreve a hacer un pronóstico de hasta cuándo puede durar la pandemia?

Sinceramente creo que nadie lo sabe. A nivel de infectados todos sabemos que antes de mayo va a ser imposible, a nivel sanitario todavía se va a prolongar muchísimo más. El sistema está colapsado, los que se estén infectando ahora van a aparecer en los hospitales dentro de 15 días. El problema que nos encontramos es que por muchas camas que se vayan poniendo a disposición, tampoco tenemos muchos profesionales. Es decir, se pueden crear cientos de camas, pero lo que realmente hacen falta son profesionales.

 

¿Por último, cree que una vacuna es la solución a la crisis del COVID-19?

A día de hoy contra este virus no tenemos ningún tratamiento. Lo único que podemos hacer es intentar mantener a las personas infectadas con vida y que sea la propia persona la que consiga vencer la enfermedad. Por tanto solo tenemos dos soluciones ante esta crisis. La primera es evitar el contagio. La segunda es conseguir una vacuna para que el virus no nos afecte.

El problema es que una vacuna necesita experimentación, en primer lugar saber si es efectiva o no y saber los efectos secundarios. Todo ello necesita un tiempo de experimentación, por lo tanto hasta el año que viene será muy difícil que tengamos una vacuna.

 

Imagen cabecera: El País