Eva Moral: «La silla es un instrumento más, es como el que necesita gafas para ver mejor»

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Deporte como forma de vida. Desayunar deporte, comer deporte y cenar deporte. Sin apellidos, simplemente deporte. Es el estilo de Eva Moral. En 2013 sufrió un accidente que le obligó a reinventarse, o como ella dice a adaptarse a una nueva circunstancia de vida que le ha abierto la posibilidad de realizar el mayor sueño de cualquier deportista, disputar unos Juegos Olímpicos.

¿Cómo fue el accidente que sufriste el 19 de septiembre de 2013?

Estaba realizando una marcha cicloturista por la sierra de Madrid. Fue bajando el Puerto de la Morcuera, comenzó a chispear y en una curva se me fue la bicicleta. Me choqué contra el quitamiedos y caí por un barranco de siete metros. La caída me produjo la rotura de la espalda, que desencadenó en una lesión medular. Desde el primer momento en el que me caí, sabía lo que me había pasado. No podía mover las piernas e intuí lo que posteriormente me confirmaron los médicos. Era un día lluvioso y mi primer miedo en aquel momento fue que no me encontrase nadie. Por suerte llevaba el móvil encima, pude llamar a la ambulancia y me encontraron enseguida. Me trasladaron en helicóptero al Hospital 12 de octubre de Madrid y tras varias pruebas me confirmaron lo que yo ya había intuido en el mismo momento que tuve el accidente. Mi mayor miedo en aquel momento eran mis padres. Yo no podía verles y sabía que iba a ser muy duro para ellos cuando los médicos les comunicasen la noticia.

¿Qué recuerdas de ese primer momento tras la caída de siete metros?

Lo recuerdo todo. No me dolía nada. De hecho es algo que posteriormente le pregunté al médico. Cómo puede ser que habiéndome roto la espalda yo no sintiera ningún tipo de dolor. Los médicos me explicaron que el cerebro puede soportar hasta cierto límite el dolor. Cuando pasas ese umbral del dolor, lo único que sientes es la adrenalina que produce tu propio cuerpo para mantenerte despierto. Luego cuando me metieron en el helicóptero, con los calmantes ya fui perdiendo la percepción del tiempo.

¿Cómo fueron esas primeras noches en el hospital?

Al principio no eres muy consciente de lo que te ha pasado. Recuerdo que al principio me levantaba en el hospital y pensaba, se me han dormido las piernas. En mis sueños soñaba que no estaba en la silla y a día de hoy me pasa lo mismo. Han pasado siete años del accidente, pero yo en mis sueños no me veo en la silla, yo camino. Es algo que se asimila, no es cuestión de superar nada. Es lo que me ha tocado vivir y hay que adaptarse a ello.

La silla es algo que hay que llevar debajo del culo, no en la cabeza…

Totalmente de acuerdo. La silla la ven más el resto de personas que nosotros. A veces cuando vas a algún sitio y la gente no te conoce, les impacta. Están más pendientes de la silla que de otra cosa y a mi se me olvida. En realidad es un instrumento más, es como el que necesita gafas para ver mejor. Lo que es cierto es que si el mundo fuera más accesible, nos acordaríamos menos de ella. Creo que no existe discapacidad, sino falta de accesibilidad. Yo podría ir a cualquier lado si todo fuese accesible. Obviamente no es así. Habrá que luchar para que en un futuro los que vengan detrás, lo tengan más fácil.

¿Cómo te adaptaste a esta nueva circunstancia de vida?

En un primer momento desconocía la existencia del deporte adaptado. Cuando estuve en Toledo, en el Hospital Nacional de Parapléjicos, me fueron introduciendo en el mundo del deporte adaptado. Además mis compañeros del club de triatlón al que yo pertenecía, se informaron de las diferentes modalidades de deporte adaptado. Comenzamos a ver videos en internet de las diferentes prácticas de deporte y eso me ilusionaba mucho. Sin saber si iba a ser capaz de realizarlo o no, desde la cama del hospital encontré una motivación. Cuando salí del hospital conseguimos una handbike y comencé a entrenar.

En 2014 competí en mi primer Campeonato de España de Triatlón en septiembre, una año después del accidente. Fue un campeonato en el que no se puede remarcar el tiempo, pero para mi fue un punto de inflexión. Vi que sentía las mismas sensaciones que cuando lo hacía antes del accidente y eso me motivó mucho para seguir entrenando. Me dije a mi misma, voy a vivir este sueño y esta segunda oportunidad que me está dando la vida y voy a darlo todo para poder dedicarme de forma profesional a mi pasión, el deporte.

¿Cómo es tu día a día actualmente?

Entreno siete días a la semana. Tengo una rutina muy clara. Me suelo levantar temprano, un buen desayuno y a entrenar. Nado seis días a la semana y suelo hacer cuatro días de bici y tres de silla. Todo ello complementado con sesiones de gimnasio y fisioterapia. Es una preparación constante. Cuando estás compitiendo al más alto nivel, todo gira entorno a tu deporte. Hay que cuidar la alimentación, el descanso, todo. Cuando tienes un sueño tan claro como el mío, clasificarte para los Juegos Olímpicos, la dedicación es de 24 horas al día, siete días a la semana. No hay tregua.

Para un deportista, los Juegos Olímpicos es lo máximo…

Obviamente. Es la fiesta del deporte. La primera vez que el triatlón paralímpico estuvo incluido en los Juegos Olímpicos fue en Río de Janeiro 2016 y mi categoría no la incluyeron. Cuando me dijeron que en Tokio sí que iba a estar mi categoría, fue un subidón. La posibilidad de poder clasificarse para unos juegos es lo máximo.

El deporte adaptado no se ve con frecuencia en los medios de comunicación…

Es cierto. Es un tema de visibilidad. Creo que tiene que hablarse de deporte en general, sin apellidos. Deporte a secas, no deporte femenino o deporte adaptado. A mi me gusta huir del estereotipo que junta al deporte adaptado con la superación. Los que somos deportistas, nos sentimos deportistas. Yo entreno igual que entrena un triatleta que no tiene que utilizar una silla. Nos gustaría que todo se equipare, se iguale, sin distinciones.