Día Mundial de los Abuelos

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Este día se lo dedicamos a todos ellos, a nuestros abuelos. Por todo ese cariño regalado de forma altruista, esa forma de dar la paga a escondidas, de querernos y cuidarnos por encima de todo.
Hoy 26 de julio se celebra el Día Mundial de los Abuelos. Países como España, Portugal, Brasil, Cuba, Nicaragua, Honduras, Panamá y Venezuela, honran a sus mayores en esta fecha. En España, en concreto, agradecemos a una generación que sacó el país adelante después de una guerra civil. Sin recibir ningún tipo de ayuda, con una gran capacidad de resiliencia, reconstruyó una sociedad y volvió a dar a sus hijos y nietos la oportunidad de vivir una vida mejor.

Desde Familiados hemos querido brindarles nuestro pequeño homenaje. Hemos querido abrir nuestro tarro de los recuerdos, esos que en el momento en el que los vivíamos, nos parecían algo cotidiano y normal, pero con el paso de los años, hemos comprendido que son lo más valioso que nos quedará de nuestros abuelos; sus anécdotas, sus enseñanzas, refranes, en definitiva, recuerdos de vida.

Patricia y su abuelo Juani

Mi abuelo es un ejemplo de superación y valentía. Comenzó una empresa familiar para que a ninguno de sus hijos les faltase de nada, y ahora, puedo sentirme muy orgullosa al ver hasta dónde ha llegado.
Siempre se ha esforzado y le ha costado sudor y lágrimas sacar a su familia adelante pero siempre, siempre, siempre lo ha conseguido. Es para todos nosotros una figura a seguir. Cuando mi abuela enfermó, nos dio una gran lección de resiliencia. Aprendió a realizar tareas domésticas y a cocinar a sus casi 80 años. Ahora competimos por ver quién hace el mejor calderillo, aunque no tiene rival, se le da demasiado bien. De él siempre llevaré conmigo sus ánimos y enseñanzas por convertirme en la mejor versión de mí misma.

Jon y su abuela Isabel

Isabelita siempre ha sido y será la reina de la casa. Siempre nos tenía preparado todo al detalle. Cuando éramos pequeños e íbamos a pasar los fines de semana al pueblo, Arbizu, nunca nos faltaban las cosas que más nos gustaban. Las gominolas, las pizzas, la coca-cola y la paga en el cajón de la mesilla. Nosotros esperábamos con ansia el fin de semana para ir al pueblo y ella también para tenernos a su lado, era algo recíproco.
Solíamos jugar a cartas con mi abuelo y él siempre le hacía trampas para ganarle, pero a ella le daba igual con tal de hacernos reír y pasar un buen rato todos juntos.

Con ella hemos viajado a Salou, a Madrid, a San Sebastián y siempre le ha acompañado su imborrable sonrisa y cariño hacia sus nietos. No sin olvidar su excelente mano para la cocina, ha sabido cuidar de sus tres hijos y seis nietos, además de su marido, toda una vida dedica a los demás. Larga vida a la reina.

 

 

Xanti y su abuela Alicia

Recuerdo que mi hermano Jon y yo teníamos 10 y 13 años. Mi madre se fue a un voluntariado en Bolivia y mi padre tuvo que irse de viaje de trabajo un mes. Todo un mes con mi abuela. Mi hermano y yo éramos unos trastos, discutíamos, nos peleábamos, éramos muy movidos los dos y mi madre estaba muy nerviosa porque nos había dejado un mes solos con la abuela Alicia.

Nosotros estábamos todo el día enzarzados, peleando, discutiendo… y mi abuela nos decía; ya vais a ver cuando vuelva vuestra madre, le voy a contar todo y vais a estar castigados todo el verano sin salir de casa. No dejábamos tranquila a la pobre abuela, éramos dos trastos.

Cuando pasó un mes, mi madre volvió del voluntariado y lo primero que hizo fue preguntar a ver que tal nos habíamos portado. Nosotros estábamos aterrorizados, nos venía el castigo de nuestras vidas, pero no fue así. La abuela le dijo a mi madre que nos habíamos portado muy bien, que no le habíamos dado ningún problema, en realidad había sido todo lo contrario, pero ella nos sacó la cara.

 

Paula y sus abuelos Higinio e Isaura

Érase una vez un Cous-Cocus en Tánger.

Os preguntaréis, ¿Qué hacen unas Navarritas tan lejos de su tierra? Pues lo estáis viendo en la foto. Mis abuelos, Fátima y el Cous-Cous. Todos reunidos en verano, donde vivían las personas eternas, mis abuelos.
Siempre antes de servir la abuela el Cous-Cous, el abuelo siempre cogía un garbanzo nos lo tiraba y empezaba con sus nietas, la guerra de los garbanzos, mientras la pobre abuela se enfadaba mucho, porque acaba todo por los suelos. ¡Pero qué bueno estaba! Para finalizar tomábamos té moruno mientras el abuelo nos enseñaba a jugar al póker y a juegos de magia. Cogía un vaso, soplaba por arte de magia, aparecían unos dados.

Son historias inolvidables que con nostalgia recordaremos como en esta ocasión y siempre las tendremos grabadas en nuestro corazón.